“Me di cuenta que su laconismo era una forma del sentido común. Tenía, en efecto, un gusto empírico saludable, mundano y a la vez austero. No pertenecía a ninguna aristocracia literaria, pero tampoco hacía gala de sus orígenes campesinos. Se había hecho un hombre de la ciudad a través de los libros, el periodismo y la política..”